Después de recorrer plazas, conventos, patios, casas y comercios, la chispa se encuentra con otras como ella. Pequeños destellos se unen en medio de la ciudad, enredándose entre guirnaldas y estrellas gigantes que cuelgan sobre las calles. Juntas forman un cielo nuevo, uno que se enciende solo durante unas semanas al año, pero que es capaz de transformar el ánimo de quienes caminan por debajo. Es un momento especial, en el que toda La Laguna parece contener la respiración para ver nacer ese firmamento dorado.
CAPÍTULO 6 – La unión de las luces



